Estatua de sal, 2018. Escultura en papel, 30 x 40 x 52 cm

Por: Oscar Román

Una muestra muy dinámica y colorida nos brinda Fernando Osorno, quien cumple 25 años de artista plástico y contemporáneo. Se trata de una exposición compuesta por 16 piezas tanto bi como tridimensionales realizadas con papel. Esta muestra se presenta como la segunda exposición individual de su autoría y es una celebración por 25 años de trabajo.

En palabras de Fernando Osorno, “la muestra intenta dar un paso adelante en el trabajo y la experimentación de las posibilidades del papel. También plantea un recorrido personal en el que la redefinición de mis conceptos a partir de mi propia vivencia cuenta una historia que inicia con las esculturas ya conocidas (Fuego nuevo, Esplendor y Estatua de sal) dando paso a la serie ‘El filo de la muerte’ en la que, como en un rompecabezas, las pequeñas piezas van dando forma a calaveras que simbolizan ciertas luces apagadas, una pausa, cierta introspección. Es así como damos paso a una serie de tres paisajes denominados ‘De ruinas y calacas’ en los que se plantea un renacimiento, un proceso casi milenario en el que la vida se sobrepone a la muerte, llenando de colores, corazones, pájaros y flores los espacios vacíos, los tiempos pasados.

De aquí seguimos con una serie conformada por 3 esculturas de cerdos llamada ‘La Fortuna’ con toda la maravillosa simbología que los chanchos llevan en su haber. Ser limpio, inteligente y ordenado como un cerdo. Encerrar dentro de uno mismo, cual alcancías, los dones de la vida, la fortuna de la amistad, de la compañía, del trabajo, de estar vivos y compartir, y cerramos la expo con una pieza escultórica llamada ‘Cupido’ un ser humano en ciernes, un bebé jugando al amor y a enamorar, el amor como principio y fin, como posibilidad pueril y como fuente de vida”.

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De ruinas y calacas I, 2018. Arte en papel, 108 x 74 cm

Ojos de Papel Volando

Por: Braulio Peralta

Se reproduce material de Milenio

https://www.milenio.com/opinion/braulio-peralta/la-letra-desobediente/ojos-de-papel-volando

Fernando Osorno cumple 25 años de artista plástico y contemporáneo. La Galería Óscar Román lo festeja con una exposición individual. Pinta obscureciendo aquello que cierta gente se ruboriza al ver: el desnudo masculino. Entre flores aparece lo fálico y sublima la aceptación del pasivo en las relaciones sexuales. Uno tiene que mirar con detalle para descubrir ese objeto del deseo. Un dato final: la característica en Osorno es su cuerpo tatuado, mucho antes que fuera moda. Él usó el tatuaje como símbolo ambiguo entre la masculinidad y la femineidad. Obvio, es un activista gay.

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La fortuna I, 2018. Escultura en papel 30 x 40 x 52 cm

Maii Ortiz escribió: el artista “reacciona en contra de la dominación del propio cuerpo por parte de agentes disciplinadores como la religión o la educación machista”. O Alfredo Matus: frente las piezas, uno “contempla, más que narraciones de vida, pequeños himnos sinfónicos a la diversidad y la unicidad en toda su complejidad”.

Visité el taller del artista. Lo que escribo a continuación es sobre la exposición en la Galería Óscar Román —trabajo sustentado en el papel—, esculturas de mediano tamaño que exigen igualmente una visión minuciosa del espectador. Si no hay ojo inteligente y sensible —se puede prescindir de lo racional pero no de los sentidos—, entonces sería mejor que no vayan a ver la muestra…

Mire usted el detalle, no la obra completa. Mire con atención y descubrirá en la pieza los universos que el papel ofrece a quienes saben poner los ojos al servicio del arte. Mire nuevamente e imagine una escenografía donde lo que usted ve gira lentamente en su retina, y entonces regresará al niño que fue y disfrutará de un espectáculo visual que sólo Fernando Osorno puede ofrecer.

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El guardián II, 2018 Escultura en papel 35 x 45 x 63 cm

Porque el arte consiste en el detalle. Porque se mira de conjunto una obra, sí, pero después de encaminar los ojos a esa parte donde se descubren los secretos del artista, ahí donde uno despierta. Fernando Osorno es especialista en ofrecer sus más íntimos deseos en ese resquicio donde se encuentra la infancia que fuimos. Porque una pieza revela el gusto por la naturaleza —animal y humana—. Bastaría detenerse con tiempo y cuidado para descubrir buena parte de nosotros mismos.

No son los tres cochinitos. No son las tres calaveras —remembranzas y homenaje a José Guadalupe Posada—. Tampoco es el busto con sus tres cabezas adornadas de ilusiones, ni los tres canes que transitan en nuestra vida cotidiana. No. El espectador debe inventar el juego de las emociones que concita el arte. Cada pieza es una historia. Cada obra nos conduce por el camino de percepciones íntimas, donde lo que importa es el individuo frente a Fernando Osorno: 13 piezas bi y tridimensionales, trabajadas en papel y acero. Sí: el acero con que el artista rasga y configura sus estéticas. No deje de auscultar en una de esas calaveras: las navajas, principio y fin de las elucubraciones del artista.

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Esplendor, 2018. Escultura en papel 30 x 40 x 52 cm

Hagamos el recorrido juntos, pero no revueltos. Solo existe usted y Fernando Osorno y sus diminutas rasgaduras del papel y el acero. Con cuidado pues, con aliento, con los sentidos, sí, pero con ansia de entender que Fernando Osorno —con 25 años de trayectoria—, realizó lo que ve, con sus ojos de papel volando.


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