Por: Antonio Blanco

Estimadas amigas y amigos, en esta ocasión les compartiré un par de restaurantes interesantes y que quizás no todos conozcan. Uno de ellos está en España, en una población pequeña denominada Sigüenza, en la provincia de Guadalajara, en la Comunidad autónoma de Castilla-La Mancha. El otro restaurante está en la capital de Alemania, en la hermosa Berlín.

Decidí seleccionarlos por ser establecimientos pequeños, pero con mucha calidad tanto en servicio como en cocina, y además representan una oportunidad para degustar cocina de autor sin esos blasones que a veces convierten la hora de la comida en un momento incomodo, y en ocasiones hasta en situaciones arbitrarias. Algunos chefs galardonados con estrellas Michelin suelen transformar sus feudos en empresas difíciles de visitar, a menos que te encapriches en asistir y decidas hacer una reservación para tres personas, y ellos se empeñen en obligarte a pagar por adelantado la comida, y encima también te exigen pagar por cuatro comensales en lugar de tres, ya que las reservas son en pares. Esto recientemente me sucedió en un establecimiento de la ciudad de Nueva York, restaurante que antes de ser premiado era muy sencillo reservar, comer y pagar lo que efectivamente consumías; y ahora es imposible conseguir una mesa para tres, a menos que te decidas a pagar por cuatro, ascendiendo el costo de cada cubierto en más de 300 dólares sin vino. Este lugar, por si se les vuelve ocurrir asistir, les recomiendo que lo intenten en la inteligencia de reservar en pares o mesas para muchos comensales. Su nombre es “Eleven Madison Park”.

Restaurante “El Doncel”: (España)

Mi primera recomendación se remonta a un sitio que llevo visitando desde hace años, aunque en la más reciente cita fui sorprendido por su flamante galardón. Hace unos meses le fue entregada su primera estrella Michelin, y la mejor gracia de este hecho, fue descubrir que sus patronos continúan manteniendo la naturalidad y buen trato de siempre. Este feudo se ubica en Sigüenza, aproximadamente a una hora y media de Madrid. El viaje por carretera atrapó mis sentidos literarios, al evocar las novelas Cervantinas, y eventualmente a través de sus manchegos horizontes, pareciera que efectivamente el Quijote aún cabalga por esas divinas llanuras, resistiendo su efigie más allá de aquellas ingeniosas letras del célebre “manco de Lepanto”.

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El pueblo es un sitio encantadoramente novelesco, y si acaso te interesara disfrutar una velada incomparable, podrías intentar pernoctar en el paraje; y la elección más agradable, podría ser hospedarte en un pequeño hotel, afincado en el mismo restaurante.

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El lugar es encabezado por los hermanos Pérez Ibáñez; Enrique, quien además de propietario es un exquisito Chef, cargado de imaginación y buen gusto; y su hermano Eduardo, quien labora como Maître y jefe de sala, quien además de su trato lleno de clase, amable y elegante, forja un espacio encantador para saborear las alegrías de sus fogones. La lista de vinos es muy completa y fundamentada en vino español, aunque puedes optar también por vinos de distintos confines. Para elegir la comida es posible optar entre dos alternativas; una es la carta y la otra un menú de degustación al que puedes añadir maridaje para cada platillo. En mi caso seleccioné el menú con 10 aperitivos y snaks, 4 entrantes que incluyen carne y pescado, un prepostre, postre, dulces caseros y golosinas; y todo acompañado con una selección de panes artesanos elaborados en su propia panadería y repostería. En cuanto a los vinos, lo que hace interesante esta opción es que puedes probar vinos excelentes de la región de Castilla – La Mancha, y con ello aprovechar la oportunidad para conocer vinos insólitos y muy interesantes. La aventura gastronómica finalizó, como no podía ser de otra manera, con un delicioso y audaz Gin & Tonic lleno de sorpresas y preparado exquisitamente delante de nuestra mesa.

Restaurante “Pauly Saal”: (Alemania)

Mi segunda recomendación se trata de un lugar excepcional en Alemania. La primera peculiaridad de este sitio es propiamente el lugar en donde se localiza, ya que se trata de una antigua escuela para niñas judías. Es un establecimiento laureado con una estrella Michelin, y sin lugar a dudas es sitio de encuentro de estrellas, de creativos y “hípsters” del “Berlin-Mitte”.

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Es verdad que en este restaurante es posible toparse eventualmente con personalidades como Naomi Campell, Brad Pitt o Herbert Grönemeyer. Este hecho no es inusitado en absoluto, ya que los fundadores de este comedor de moda son los reconocidos sibaritas berlineses Boris Radczun y Stephan Landwehr, que igualmente son propietarios del “Grill Royal”, otro famoso sitio al que acuden regularmente las estrellas del séptimo arte.

El Pauly Saal, además, posee su propio bar con una arrebatada personalidad, mismo que evoca la década de los veintes, con su original interior engalanado con sofás color verde oscuro y lámparas de Murano del período de la primera postguerra mundial, además de singulares figuras de zorros disecados, representados como si se tratara de personas. Sin embargo, el concepto más conspicuo colocado en este feudo es sin duda un cohete auténtico y coloreado en rojo y blanco, mismo que genera suficientes razones para charlar a la hora de saborear el café o el digestivo final.

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La cocina germano-austriaca ofrece exquisitas creaciones gourmet, pero con los pies bien situados en la tierra. Por ejemplo, es posible encontrar cordero de Müritz con berenjena glaseada y lentejas beluega, pescado del lago Ruppin o un excelso Entrecôte de buey de Pomerania en el menú. La terraza de Pauly Saal en el patio es un lugar muy agradable para disfrutar de largas y sabrosas charlas en el periodo estival.

Mi experiencia fue excelente, ya que fui objeto de un trato exquisito. El Chef acudió a la mesa en diversas ocasiones para exponer las particularidades de sus curiosas creaciones, casi todas cocinadas con productos teutones, destacando su presentación distinguidamente sencilla.

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La lista de vinos es muy equilibrada, aunque resaltan obviamente los grandes vinos blancos austriacos y alemanes, además de algunas interesantes y novedosas opciones tintas de origen indoeuropeo.

Conclusiones:

Espero que en alguna coyuntura intenten visitar alguno de estos establecimientos que con mucho gusto les exhorto a conocer, y que se animen a contrastar las opciones enológicas locales, ya que es la mejor manera de conformar una mejor noción de las particularidades de la cultura gastronómica de la región.

Aprovecho para desearles un muy radiante y año nuevo, y que los cambios políticos de los que ha sido objeto nuestro querido país les permitan continuar prosperando familiarmente así como a sus negocios.

Fotografías: Cortesía www.paulysaal.com/