Aunque no todos tenemos problemas de salud mental (depresión, fobia, esquizofrenia, etc.), todos, en algún momento de nuestra vida, podemos desarrollar un padecimiento emocional (tristeza, estrés, ansiedad, culpabilidad, etc.). La buena gestión de estas emociones entra en el terreno de la salud emocional y precisamente la falta de autocuidado podría acabar siendo el detonante para el desarrollo de un trastorno mental.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido de que en el año 2050 la principal enfermedad de la humanidad será la depresión. Este dato confirma que la actual cultura de autocuidado y atención emocional no está del todo instaurada en la población.

¿Cómo está la salud emocional en nuestro país?
Tan sólo entre 2012 y 2017, la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, registró 52 suicidios juveniles relacionados con problemas emocionales; para 2020 se calcula que la depresión será la principal causa de incapacidad en el país; en cuestiones de estrés, México ocupa el primer lugar en estrés laboral, según la OMS, y en los últimos cinco años ha habido un aumento del 75% en ansiedad entre los mexicanos según la Secretaria de Salud.

Las cifras parecen demostrar un escenario de futuro poco esperanzador que sugiere una falta de conciencia respecto a la urgente necesidad de cuidar la salud emocional.

¿Cómo sé si yo soy una persona emocionalmente sana?
• Las personas que están emocionalmente sanas tienen el control de sus pensamientos, sentimientos y comportamientos.
• Gozan de equilibrio entre el trabajo, el descanso y el ocio.
• Son capaces de hacer frente a los desafíos de la vida.
• Pueden poner los problemas en perspectiva y recuperarse de los contratiempos.
• Se sienten bien consigo mismas y confían en sus capacidades.
• Tienen buenas relaciones.

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¿Puedo aprender a cuidar mi salud emocional?
La salud emocional es una habilidad que se puede entrenar. Estos consejos pueden ayudar a conocer los pasos para mejorarla y ser más felices.
• Reconocer nuestras emociones. Descifra cuáles son las causas de las emociones que sientes. Es un paso imprescindible para poder gestionar de manera adecuada lo que condiciona nuestro estado de ánimo.
• Expresar los sentimientos. Se trata de hacer saber a las personas que están cerca cuándo algo nos molesta. Mantener sentimientos de tristeza o ira en nuestro interior suman tensión y puede causar problemas en las relaciones.
• Controlar nuestro comportamiento. Darse tiempo para pensar y estar tranquilo antes de decir o hacer algo que podríamos lamentar. Las emociones pueden ser poderosas.
• Buscar el equilibrio. Encontrar un equilibrio saludable entre el trabajo y el ocio, la actividad y el reposo, la conexión con el mundo y el espacio propio, etc. Este estilo de vida llega a ser tan importante para alcanzar una buena salud emocional, que incluso los suecos han inventado el concepto Lagom, para referirse a disfrutar de las pequeñas cosas y a vivir sin excesos.
• Centrarse en las soluciones. Los problemas forman parte de la vida, pero también la búsqueda de soluciones. Tomar la iniciativa y actuar de manera creativa confiando en nuestras habilidades. La salud emocional está relacionada muy directamente con la capacidad de encontrar soluciones imaginativas a los problemas reales.
• Relativizar los problemas. No merece la pena sufrir por los pequeños contratiempos de la vida cotidiana, como pueden ser los atascos de tráfico, pero incluso los problemas de verdad tampoco merece la pena sobredimensionarlos y dejar que anulen nuestra vida. Aunque tengamos un problema laboral, tenemos otros ámbitos como la familia, los amigos, las aficiones, etc., que merecen ser cuidados y disfrutados. Es básico aprender a enfocarse en las cosas positivas de la vida.
• Conectarse con otros. Somos criaturas sociales y necesitamos establecer conexiones con otras personas para sentirnos completos. Por ello, las relaciones interpersonales positivas influyen efectivamente en nuestra salud emocional. Asimismo, es más fácil resistir las adversidades de la vida, cuando formamos parte de una red tejida con vínculos afectivos que si permanecemos solos. Pues los problemas compartidos siempre “pesan mucho menos”.
• Averiguar qué es importante para cada uno. Respetar las propias motivaciones haciendo cosas que realmente nos gusten. Podría ser el trabajo, la familia, hacer un voluntariado, etc., y si nos vemos obligados a realizar alguna tarea que nos resulta desagradable, intentar modificarla o encontrarle un sentido para nuestra vida.
• Marcarse objetivos realistas. Las expectativas poco realistas tienen un efecto negativo en nosotros, ya que nos causan frustración y pueden afectar a nuestra autoestima. No saber qué queremos en la vida o hacia dónde nos dirigimos puede llevarnos a un estado de crisis existencial y depresión. Por lo que es importante definir cuáles son nuestras inquietudes y dónde nos gustaría estar en el futuro.
• Practicar actividad física. Hacer deporte, pues permite liberar endorfinas, serotonina, noradrenalina y otros neurotransmisores que provocan sensaciones placenteras que mejoran el estado de ánimo.
• Vivir el presente. Las personas que desarrollan un estado mental en el que centran su atención en el aquí y el ahora, con una actitud de compasión y no enjuiciamiento, gozan de una mejor salud emocional.

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