En esta era, el bronceado es un símbolo de estatus, factor que ha contribuido al aumento de la exposición al sol y sus consecuencias negativas: manchas, sequedad y, en definitiva, envejecimiento y deterioro de la piel. La manifestación del daño solar acumulado es el cáncer de piel, que ya se ha convertido en el segundo más frecuente en México. Por eso, en las épocas de más sol y calor es especialmente importante cuidar la piel y mantenerla en las mejores condiciones. Es básico evitar las exposiciones prolongadas a las radiaciones ultravioleta, seguir una dieta rica en antioxidantes que ayuden a protegerla y beber abundante agua.

Cómo afecta el sol

Si bien es cierto que la exposición al sol activa la vitamina D, esta activación se realiza de modo suficiente con un grado de exposición leve. En cambio, está demostrado que la exposición excesiva induce a la aparición de arrugas, envejecimiento prematuro de la piel y a una mayor incidencia de algunos cánceres de piel. Los rayos ultravioleta (UVA y UVB) son los principales causantes del cáncer de piel, pero también otras causas pueden producir estas alteraciones. Algunos fármacos y productos químicos pueden hacer que la piel sea más sensible a la agresión de los rayos solares.

Para mantener un buen cuidado de la piel es necesario evitar la exposición prolongada al sol y llevar una buena alimentación

Cáncer de piel

Existen centenares de tipos de cánceres de piel, pero los más frecuentes son tres: el carcinoma basocelular, el carcinoma escamoso y el melanoma. De ellos, el más grave puede ser el último, por su capacidad de extenderse e invadir otros órganos y provocar la muerte. En cualquiera de estos tres tipos de cáncer, la luz solar parece ser el factor más implicado, especialmente haber padecido muchas quemaduras solares en la infancia o permanecer muchas horas al sol sin protección adecuada. No es el único factor, ya que hay melanomas y carcinomas en zonas donde no toca el sol, como las axilas o las plantas de los pies. El tabaco, otras radiaciones o factores genéticos parecen jugar un papel, aunque menos importante que el sol.

Diagnóstico del cáncer de piel

Es importantísimo acudir periódicamente al dermatólogo a revisarse la piel, especialmente si se han padecido muchas quemaduras solares, si hay historia de cáncer de piel en la familia y si se es una persona de piel blanca y ojos claros. El cáncer de piel puede aparecer en cualquier persona, de cualquier raza y a cualquier edad, por eso el hecho de que la piel de muchos mexicanos sea morena no ha de hacernos bajar la guardia, pues no significa que resista más el sol y también puede sufrir cáncer.

Es recomendable acudir a su consulta ante cualquier característica de la piel, de cualquier zona del cuerpo (incluso en el interior de la boca) que no desaparezca:

• Si aparece alguna mancha o peca o si cambia de color o forma, si sangra, forma una costra o pica.

• Si aparece algún nuevo abultamiento, o cambia de forma o tamaño.

• Si cambia de aspecto alguna cicatriz cutánea.

• Si aparecen cambios en alguna uña.

Prevención

• La principal medida de prevención contra la aparición de cáncer de piel es evitar la exposición al sol, en especial en verano y en latitudes cálidas, pero no únicamente a la altura del mar, sino también en altitudes montañosas se requiere gran precaución: mantenerse a la sombra el máximo posible, usar sombreros que cubran la cara, orejas y cuello, llevar prendas de ropa con manga larga y pantalones largos. En efecto, el cuidado de la piel no debe producirse sólo durante las vacaciones en la playa, pues en la Ciudad de México, por ejemplo, se recibe más radiación que al nivel del mar, al estar a 2,250 metros de altitud, es decir, más cerca del sol.

• El período en que más se debe evitar la exposición al sol es el verano, desde las 10 hasta las 17 horas.

• El uso de filtros solares con factor de protección alto y adecuado a nuestro fototipo, que filtre los rayos ultravioletas A y B; así como el uso de gafas de sol que filtren el 100% de estos rayos. Es importante usar filtros resistentes al agua y aplicarlos con regularidad en todas las zonas expuestas una hora antes de la exposición, y repetir cada media hora o tras cada baño.

• Se recomienda evitar el uso de máquinas de sol artificial, cabinas de bronceado o lámparas domésticas de rayos ultravioleta.

• Asimismo, es importante evitar las superficies que reflejan la luz del sol, como la nieve, la arena, el agua o las superficies pintadas de blanco.

Cuídala también por dentro

La piel es un órgano externo y es el más fiel reflejo de lo bien o mal que nos alimentamos. Una dieta equilibrada que asegure el aporte de nutrientes como ácidos grasos poliinsaturados, vitaminas, minerales y otras sustancias antioxidantes son imprescindibles en el cuidado de la piel:

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• Ácidos grasos insaturados: los alimentos con ácidos grasos que propician el buen estado de la dermis son el aceite de oliva, el aguacate, las olivas, los aceites de semillas como el de girasol, nueces, avellanas, almendras o piñones, pescados azules, etc.

• La vitamina A: participa en mecanismos de reproducción y mantenimiento de los tejidos epiteliales, y su déficit se refleja en forma de piel seca y rugosa. La vitamina A, como retinol, la encontramos en lácteos, mantequilla, yema de huevo, etc. Los carotenos, de los cuales cabe destacar el betacaroteno, están en espinacas y acelgas, y en frutas y verduras de coloración anaranjada, como las zanahorias, la calabaza, el mango, los nísperos, etc.

• La vitamina E: actúa fundamentalmente como antioxidante, se regenera gracias a la vitamina C, protege de la oxidación a los ácidos grasos y mantiene la permeabilidad de las membranas celulares. La vitamina E frena la proliferación de radicales libres que favorecen la oxidación y por ello el envejecimiento de la piel. Encontramos vitamina E en alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados como aceites de frutos y semillas, (de oliva y de girasol), germen de trigo y otros cereales, frutos secos, yema de huevo…

• La vitamina C: es otra vitamina antioxidante que actúa en sinergia con la vitamina E. Además de tener un papel importante en el metabolismo celular, protege las mucosas y se la relaciona con la formación de colágeno. Está en cítricos, fresas, frutas silvestres y tropicales, pimientos y, en general, en todas las frutas y verduras.

• Vitaminas del grupo B: para el cuidado de la piel podemos destacar la vitamina B2 o riboflavina que actúa, entre otras cosas, a nivel de las mucosas contribuyendo a su mantenimiento. Está presente en lácteos, levadura de cerveza, hígado y huevos.

• Zinc: favorece la renovación celular y el buen estado de la piel y las mucosas. El déficit de zinc se puede manifestar, entre otras formas, mediante llagas en la piel. Abunda en mariscos, germen de trigo, semillas, legumbres, cereales completos, lácteos, huevos, carnes y pescados.

La importancia de la hidratación

Teniendo en cuenta que las reservas de agua en la piel representan un 20% del agua total de cuerpo, es fácil imaginar que un estado de deshidratación va a afectar notablemente al aspecto de la piel. En verano, la sudoración aumenta considerablemente y en consecuencia hay una gran pérdida de líquido. Por tanto, se recomienda incrementar el consumo de líquidos a través de bebidas o alimentos con alto contenido hídrico (frutas y verduras), hasta llegar a los 2.5 litros diarios para equilibrar las pérdidas y mantener el nivel adecuado de hidratación. El secreto radica en ingerir líquidos con regularidad durante el día, sin esperar a sentir sed.


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