Si existe alguna nación que pueda presumir de poseer una civilización que haya perdurado a través del tiempo es, sin duda alguna, el gigante asiático. En China confluyen, para deleite del visitante, tanto hermosos y exóticos paisajes naturales como un patrimonio histórico único en su especie. Con una cultura considerada como la cúspide de una jerarquía universal, durante milenios las naciones vecinas adoptaron en diferentes grados la lengua, instituciones y cultura chinas.

Grandes metrópolis son testigo del carácter cosmopolita que ha adquirido China en el presente siglo: Beijing, la capital y centro político-cultural del país y Shanghái, su ciudad más poblada. En Beijing encontramos obras arquitectónicas milenarias, como la Gran Muralla, y contemporáneas, como el Parque Olímpico con su Nido de Pájaro y Cubo de Agua. También, podemos observar el Palacio Imperial, conocido como la Ciudad Prohibida y la Plaza Tiananmen, centro de Beijing y de la vida política de China. También están el Templo del Cielo y el Palacio de Verano, que fueron exclusivos para la familia imperial y hoy están abiertos al público para conocer la tradición artística del país. Además, el Camino Sagrado lleva a las Tumbas de la Dinastía Ming.

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Por su parte, Shanghai actualmente rivaliza con Hong Kong como el centro financiero y empresarial más importante. Tiene como atractivos principales la Concesión Francesa y el Bund, un histórico paseo que bordea el río Huangpu y conserva edificios que detallan el poder colonial británico que se vivió en la zona. En contraste, el centro financiero de Pudong tiene enormes rascacielos que muestran el impresionante avance económico de China. Los Jardines Yuyuan, Xintiandi, la Ciudad Antigua, y la zona de Tianzifang son otros puntos de interés de la ciudad.

En China convergen tanto exóticos paisajes naturales como un patrimonio histórico único

Merece una mención especial la visita de la zona del Tíbet, región enigmática y ancestral ubicada en las cercanías del Himalaya. Entre sus grandes palacios y monasterios Budistas, destacan el Palacio Potala (la Montaña de Buda), construido en el siglo VII y el templo Jokhang. También el Monasterio Sera, el Palacio Norbulinka y la Calle Barkhor, la más antigua de Lhasa donde la cultura tibetana, la economía, la religión y las artes se muestran al visitante rodeado de picos nevados y vistas espectaculares.

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De igual forma, un recorrido importante en este gran territorio es la Ruta de la Seda, que antaño fue una ruta de lazos comerciales entre el imperio chino y las civilizaciones europeas. Por esta ruta se transportaron enormes cantidades de mercancías, uniendo al Lejano Oriente con la India, el Medio Oriente, África y Europa. La ruta parte de Xian, antigua capital imperial, ahí se encuentran el Museo Han Yangling, la Muralla de la ciudad, la impresionante zona arqueológica de los Guerreros de Terracota, el Barrio Musulmán y su Gran Mezquita, y la Pagoda de la Oca Salvaje.

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La Ruta continúa en Lanzhou, dónde se visita la Pagoda Blanca de la dinastía Yuan. Después Liujiaxia, lugar en el que se recorre por bote el Río Amarillo hacia las grutas y templo de Binglingsi, que consiste en una serie de cuevas naturales donde a lo largo de un milenio se han esculpido Budas monumentales. Actualmente hay 183 cuevas, 694 estatuas y 82 esculturas de barro que han resistido el paso del tiempo.

La travesía continúa en Dunhuang, donde se localizan las cuevas de Mogao, también conocidas como las Cuevas de los Mil Budas, que forman un sistema de 492 templos. El siguiente punto en el mapa es Turfán, donde se ubican el poblado Toyuk, la antigua ciudad de Gaochang, las Tumbas Astana, la mezquita Suliman, el Bazaar y el sistema de Irrigación Karez. Por último, en Chengdu se encuentra un centro para la investigación y reproducción del Panda Gigante, el cual puede ser visitado por el público.

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Como verá, la Ruta de la Seda es un viaje por lo más intrínseco de la historia milenaria de la gran nación China. Quizás, lo más interesante de esta ruta no son los objetos que se trasladaban por ella, sino la cantidad de ideas y filosofías que se conectaron a través de los transportistas que llevaban consigo la premura de comunicarse y propagar artículos y pensamientos que de otra forma tardarían años en llegar a su destino. Roma y China fueron los escenarios donde se escribió la historia del comercio de los grandes lujos, una referencia mítica a la opulencia que incita dirigirse hasta el punto donde todo comenzó: China.


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